Gallegos en la Selva

Por Marta, mar 18 agosto 2015, en categoría Iguazu

Cataratas, Iguazu, Selva

Sí, lo sé, han pasado siglos..., pero no exagero si digo que el tiempo no da para más, es un hecho. La verdad es que podría hablaros del invierno que ya casi estamos dejando atrás, de Mendoza y sus vinos, de las mil elecciones que estamos viviendo en Buenos Aires y que nos están haciendo currar un montón..., pero lo cierto es que aún tenía esta historia pendiente... ¡¡¡Gallegos en la Selva!!!

Y es que ya hace algunos meses, allá por Abril, aprovechando la visita de Nandolas y Lariña, nos hicimos una escapada a las selváticas tierras de la provincia de Misiones, sí, a las Cataratas del río Iguazú. Alt Text El verano estaba terminando, así que tuvimos un tiempo no tan caluroso, afortunadamente, aunque nos cayeron unos buenos chaparrones. Pero ya imaginaréis que eso no detiene nunca a un gallego, y además, con la cantidad de agua que expulsan las cascadas, qué más dará si te llueve desde arriba, desde abajo o desde un lado.

Siendo un grupo de cuatro, los precios del bus se acaban equiparando a los del taxi, así que Walter, el chico que nos llevó del aeropuerto al pueblo de Puerto Iguazú, se convirtió en nuestro chófer particular para todo el fin de semana, lo que resultó de lo más cómodo. Alt Text Aterrizamos un viernes al mediodía y esa misma tarde ya estábamos visitando el lado Brasileiro de las cataratas, todos habréis oído mil veces las explicaciones, el lado Brasileiro ofrece una visión más lejana, más de postal, de los diferentes saltos de agua, pero tiene menos paseos para hacer. Desde mi punto de vista incluso diría que la zona de parque paseable estaba un poco más cuidada, pero siendo más pequeño quizá no tenga tanto mérito. Alt Text La postal es de las que te dejan sin palabras. ¡Agua por todas partes! Miles de saltos y cataratas ocupando varios kilómetros, una garganta de la que asciende vapor de agua que por momentos te empapa, un lugar impresionante, ya sabéis, se siente uno pequeñito cuando la naturaleza ruge. El final del paseo te lleva a una pasarela que, tras pasar por algunos saltos intermedios, te asoma a un abismo del que sólo veíamos subir agua y más agua. Teniendo en cuenta que fue el punto álgido de la lluvia esa tarde, es fácil imaginar el grado de empapamiento al que fuimos sometidos, tal cual una ducha, de esas de chorritos. Alt Text Cerca de allí, nos dimos también un paseo por el parque de las aves, donde lo más disfrutable son las zonas en las que puedes entrar y sentirte más cerca de los pájaros que si los ves desde detrás de una reja. El recinto lleno de tucanes, y sobre todo otro abarrotado de estruendosos guacamayos que te hacen vuelos rasantes sobre la cabeza, fue lo más divertido sin duda, te sientes en su habitat, el extraño eres tú. Alt Text El plato fuerte, para mí, es el lado Argentino del parque, por su extensión, por los paseos, y por los diferentes puntos para verlas, incluido el balcón que te asoma a la atronadora Garganta del Diablo. Como ésta se encuentra un poco lejos lo mejor es cogerse el “trenecito de la selva”, versión de tren chuchú selvático. El resto de los paseos se encuentran a distancia más o menos caminable desde la entrada, aunque el trenecito te puede acercar un poco. La idea aquí es caminar, perderse un poco, sentarse a observar, disfrutar de la hipnótica caída del agua, del ruido, y las nubes de agua que ascienden y te empapan. En esta ocasión, el barquito que te cruza a la isla de San Martín estaba cerrado porque había demasiada agua (más que de costumbre que no es poco). La última vez que visitamos las cataratas había sido una excursión muy agradable porque la islita estaba bastante desierta, no así el resto del parque que es como la gran vía un día de rebajas, pero como es grande, siempre puedes encontrar algún rinconcito en el que sentirte un poco sólo. Alt Text Para disfrutar de una experiencia más extrema en el interior de la selva nos aventuramos a hacer un safari en jeep. A ver…, fue divertido ir los cuatro a puro trompicón en la parte trasera del jeep, hasta que empezó a llover y tuvimos que poner la capota… entonces perdimos cierta visibilidad, y nuestra “experiencia extrema” se redujo a ver un tucán y una hormiga tigre… ¡eh, pero qué pedazo de hormiga! Alt Text Al final, fue dentro del parque donde vimos animales a tutiplén, no, bueno, no me refería a los turistas, sino a los coatíes, esos animalitos tan acostumbrados al ser humano que se han convertido en el oso Yogui de las cataratas intentando robar comida. A diferencia del cariñoso Yogui, éstos si se pican igual atacan, así que simplemente hay que pasar de ellos y no alimentarlos, no sea que te lleven un dedo. Alt Text Como nuestro avión no se iba hasta el domingo después de comer, hicimos una última excursión con nuestro ya amigo Walter a las minas de Wanda, donde resulta bastante fascinante ver como residuos magmáticos antediluvianos quedan atrapados en la roca en forma de geodas. Estas bolas de diferentes tamaños tienen un interior formado por piedra preciosa pura: ágatas, amatistas, topacios, según la composición de la geoda. ¿Qué bonito no? Junto a la mina encontramos al, probablemente, animal más peligroso hasta el momento, una tarántula que descansaba en un toldo tan contenta ella, tan acojonados nosotros. Alt Text No puedo despedir este relato selvático sin hablar sobre el parque "Mitos Guaraníes". Está junto a la mina de Wanda y es un parque temático sobre las leyendas de la zona, representadas por figuras de madera escondidas entre la vegetación. Junto a cada una, un altavoz te cuenta la historia del mito en cuestión. La verdad es que se trata casi de una atracción infantil, y no lo contaría de no ser porque una de las leyendas nos impactó. Se trata del Kurupí, un hombrecillo de extraña figura y pies apuntando para atrás, que se decía bajaba de las montañas buscando mujeres, habéis oido bien. Lo peor es que lo que lleva enrollado al cuerpo no es una serpiente, no, y no lo explico por si hay niños leyendo. En fin, no pudimos evitar una foto con el hombrecillo en cuestión, claro. Alt Text Esperando no tardar tanto para la próxima, un beso fuerte desde el hemisferio sur.