Revisando los tópicos II : egos y pasiones

Por Marta, mar 19 mayo 2015, en categoría Buenos aires

BuenosAires, gente, tópicos

Ya dijimos que los argentinos eran gente intensa, les mueven las pasiones, y una y muy grande es el fútbol. Asumido como algo casi exclusivamente masculino, es prácticamente una religión, y genera tanta tensión que desemboca muy fácilmente en violencia. Para evitar encontronazos no deseados en los partidos, impusieron la norma de no dejar entrar aficionados rivales en los estadios, fuerte ¿no?. Una campaña en la tele incluso animaba a los aficionados a que fuesen al estadio en familia, claro que cuando ves un bus de línea un día de partido cargado de aficionados con banderas, gritando y golpeando el chasis del bus desde las ventanillas, piensas -¿estáis de coña no?-.

El techo se ha tocado, tristemente, hace unos días, cuando barras bravas de Boca (hinchadas radicales) atacaron a jugadores de River con algo parecido a gas pimienta en el descanso de un partido: drama, espectáculo terrible y vergüenza nacional. Victoria para el eterno rival y sanción, mucho más tenue de lo inicialmente esperado, para Boca. Demostrándose que la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol, en serio significa eso), se ha acabado rajando ante sabe Dios qué poderes superiores o presiones externas, atenuando lo que iba a ser una sanción ejemplarizante. Y es que mientras medio país se escandaliza y se rasga las vestiduras, el otro medio se poner a parir en las redes sociales y se burla de vencedores y vencidos.

Os pondría fotos de las bromas ofensivas que circulan por whatsapp, pero no quiero darles difusión, prefiero poneros unas fotos de Rafa Nadal en el Open de Argentina, que también desata pasiones, afortunadamente más sanas. Adoración fue lo que vimos, no es para menos. Nadal

En el lado opuesto está, ya no la pasión, sino la devoción por el mate, mucho más pacífica y sociabilizadora. Aunque nos dicen que lo de pasearse por la calle con el termo y el mate es algo más uruguayo que argentino, ellos en cuanto tienen un ratito ahí están dale que te pego a la bombilla. Entretiene, espabila, quita el hambre y estrecha lazos socialmente porque siempre se comparte. Me arriesgaría a decir que establece lazos más profundos también, porque las gripes en las oficinas y en las universidades deben correr como la pólvora con tanto chupeteo :-). De todas formas, estaréis conmigo en que el hecho en sí de que sea un acto tan social -¿querés un matecito?- lo convierte en un momento bastante mágico. Es fácil encontrar en las papeleras restos de yerba, como rastro de algún matero que pasó por allí, a veces (pocas), la encuentras tirada en lavabos o ¡en el suelo de los aviones!, doy fe. Afortunadamente esto no es lo habitual.

Mate

Nosotros confesamos que preferimos el tereré, versión paraguaya de mate con agua fría y jugos de frutas, mucho más fácil de tragar que la amargura del mate. Ellos dicen que el vino tinto o la cerveza tampoco gustan al principio, pero que te acabas acostumbrando, y seguramente no les falta razón.

Por último, no querría terminar este relato sin hablar del ego argentino, que, como cabía esperar, no les cabe en el pecho de grande. No les sientan nada bien las críticas, nadie como ellos para criticarse, pero no está bien visto que los demás lo hagan (no le paséis este blog a ninguno please). Les encanta decir que tienen o tuvieron la calle más ancha, la cúpula más alta, etc, para luego decir, bueno, si no es la más ¡al menos la empatamos! pero un argentino nunca pierde. Por eso creo que a pesar de los momentos complicados que están pasando en los últimos años, es un pueblo que saldrá adelante, porque creen en sí mismos, así que medio camino lo tienen hecho.

Para ilustrar la desmesura del ego autóctono, he escogido esta foto de un candidato a la presidencia que se autodenomina "el hombre", el tipo incluso se ha comprado el dominio elhombre.com.ar, menudo crack... Pero de política y políticos ya boludearemos otro día.

El hombre

Y al final ¿con qué nos quedamos? Nos quedamos con el calor de esta gente, con su cercanía, sus ganas de que te sientas a gusto, de compartir contigo un rato, una charla, un trago o una rica comida. Porque perfecto no es nadie en este mundo, y las imperfecciones se llevan mejor con una matecito caliente, ¡¡con mucho azúcar por favor!!

¡Un beso! pero uno sólo ¿eh?